Litoterapia · ficha de la piedra

Jade (nefrita/jadeíta)

Jade es una piedra verde (variados), vinculada por tradición a arraigo, amor propio, optimismo.

Jade (nefrita/jadeíta), un ejemplar pulido

Lo esencial

Familia
Silicato (roca gema)
Composición
Nefrita: Ca₂(Mg,Fe)₅Si₈O₂₂(OH)₂ / Jadeíta: NaAlSi₂O₆
Sistema cristalino
Variable
Dureza (Mohs)
6–7
Color
Verde (variados), blanco
Chakras
Corazón
Elementos
Tierra
Zodiaco
Libra

Jade, según la tradición

El jade es una piedra de armonía y equilibrio sereno, venerada desde hace mucho en muchas tradiciones. Lo asocian al corazón, a un arraigo suave, a la serenidad que acompaña a las intenciones definidas con cuidado. Su verde profundo recuerda a la naturaleza apacible, al crecimiento lento y al mundo vivo que perdura. Tenlo en casa o como joya, como un compañero de tus rituales de intención. Sostenlo en la mano al nombrar un deseo, y deja que su calma te ayude a cultivar la paz.

Afirmación“Cultivo la armonía.”

El jade, por dentro: dos piedras bajo un mismo nombre

Durante milenios se esculpió «jade» sin saber que había dos. Fue Alexis Damour quien lo aclaró en 1863: la jadeíta es un piroxeno rico en sodio y aluminio, y la nefrita un anfíbol de la serie tremolita-actinolita. Dos químicas, dos orígenes, un mismo nombre y unas cualidades parecidas.

Lo que comparten es lo que hizo su leyenda: una tenacidad excepcional. Las fibras minerales entrelazadas de la nefrita la convierten en una de las piedras más difíciles de romper, y de ahí las hachas y las hojas del Neolítico. La jadeíta gema viene sobre todo de Birmania y del valle del Motagua, en Guatemala, la gran fuente americana de esta especie; la nefrita, de Hotan en China, Nueva Zelanda, Columbia Británica y Siberia.

Historia y creencias: la piedra de la ijada

El nombre mismo es una creencia fosilizada, y además una creencia española: los conquistadores la llamaron piedra de ijada, porque le atribuían aliviar los dolores de riñón, y de ahí salió «jade»; «nefrita» viene del griego nephros, riñón, por la misma razón. La ciencia no conservó nada de la creencia y el diccionario lo conservó todo.

En Mesoamérica valía más que el oro. Bernal Díaz del Castillo cuenta que Moctezuma entregó a Cortés unas cuentas de chalchihuitl presentándolas como lo más precioso de su tesoro, y los españoles tardaron en entender por qué. En China, príncipes Han se hicieron enterrar con trajes de miles de plaquitas de jade cosidas con hilo de oro; en Nueva Zelanda, el pounamu se sigue transmitiendo como un bien que no se compra para uno mismo.

Cómo usar jade

Joyas, el hogar, un ritual de intenciones.

Limpieza

Un enjuague, humo, sonido.

Recarga

Luz de la luna; intención.

Preguntas frecuentes

¿Jadeíta o nefrita, cuál es el jade «de verdad»?
Las dos. La mineralogía reconoce ambas especies como jade desde que Damour las separó en 1863. La jadeíta, más rara, alcanza precios de gema, sobre todo el verde imperial birmano; la nefrita carga con casi toda la historia china y maorí.
¿Cómo sé si mi jade está tratado?
La clasificación comercial va de A (natural, solo encerado) a B (impregnado de resina) y C (teñido). Con lupa se adivina a veces la red de la resina, y un precio muy bajo para un verde intenso y uniforme es el indicio más elocuente. En una pieza de valor, solo un laboratorio gemológico zanja la duda.
¿El jade guatemalteco es jade auténtico?
Sí, y del bueno: el valle del Motagua es la gran fuente americana de jadeíta, el mismo mineral que el birmano. Fue la fuente de los olmecas y de los mayas, se perdió durante siglos y se localizó de nuevo a mediados del siglo XX. Sus verdes son más apagados que el imperial, y hay variedades azuladas preciosas.
¿Da suerte?
La tradición china lo asocia a la prosperidad y a la armonía, y esa simbología milenaria es parte de su encanto. Del lado de la ciencia, ningún estudio ha mostrado efectos de las piedras más allá del placebo. Lo que ofrece el jade está en el símbolo y en el gesto: cuando llevas uno no llevas una promesa, llevas una historia.

Fuentes

  • Judy Hall, The Crystal Bible, Godsfield Press, 2003.
  • Robert Simmons & Naisha Ahsian, The Book of Stones, North Atlantic Books, 2007.