Tarot

Tarot y astrología: el mapa de correspondencias Golden Dawn

Esta guía forma parte de la serie Significado de las cartas del tarot: 78 cartas, historia y lectura (parte 7 de 7).

El sistema Golden Dawn liga cada arcano mayor a un signo, un planeta o un elemento: doce mayores llevan los doce signos (El Emperador para Aries, La Luna para Piscis), diez llevan los siete planetas antiguos y tres elementos, y los cuatro palos de los menores retoman los cuatro elementos. Sacar una carta es encender el tránsito que gobierna. Estas correspondencias son una tradición, fijada hacia 1888, no un hecho astronómico.

Por Jade Nohemia 9 min de lectura

Seguramente conoces el sentido de El Emperador, y quizá sepas lo que se le atribuye a Aries. Lo que te da este artículo es el hilo que une a los dos, y la tabla entera que forman esos hilos. Porque detrás del tarot moderno se esconde una rejilla discreta, donde cada arcano mayor responde a un signo, un planeta o un elemento. Esa rejilla tiene un nombre y una fecha: se la debemos a la orden hermética de la Golden Dawn, que la fijó en Londres hacia 1888. Desde entonces recorre las dos barajas más difundidas del mundo, el Rider-Waite-Smith y el Tarot de Thoth. Aquí la tienes entera, explicada y luego puesta en práctica.

Una precisión de entrada, porque condiciona todo lo demás. Estas correspondencias no son un hecho astronómico. El tarot nació como juego de cartas en la Italia del siglo XV, sin la menor relación con el cielo; el vínculo con la astrología se le tejió mucho más tarde, por una escuela concreta. Es una tradición, coherente y fecunda, no una ley de la naturaleza. Decirlo no rebaja la herramienta: te permite usarla con lucidez.

¿De dónde viene la tabla de correspondencias?

Para entender por qué tal carta va con tal signo, hace falta conocer la mecánica. Es más simple de lo que parece, y no se apoya en absoluto en el carácter de las cartas.

La Golden Dawn parte de una sola idea: los veintidós arcanos mayores corresponden a las veintidós letras del alfabeto hebreo. Y un texto antiguo, el Séfer Yetsirá, ya reparte esas veintidós letras en tres grupos: tres letras «madres» ligadas a los tres elementos primordiales, siete letras «dobles» ligadas a los siete planetas de la astrología antigua, y doce letras «simples» ligadas a los doce signos del zodíaco. Al colocar los mayores sobre las letras, en orden, se hereda mecánicamente tres elementos, siete planetas y doce signos. Veintidós cartas, veintidós atribuciones, todo encaja.

Por eso las correspondencias siguen el orden del zodíaco y no la lógica de las imágenes. Los doce mayores «de signo» se despliegan de Aries a Piscis en el orden mismo de los arcanos. Una vez que tienes ese principio, la tabla deja de ser una lista que memorizar y se vuelve una secuencia que se construye sola. Robert Wang, en The Qabalistic Tarot, escribió la exposición de referencia; Crowley, en su Book of Thoth, hizo de ella la columna vertebral de su baraja.

Los doce arcanos de los signos, de Aries a Piscis

Aquí tienes el primer bloque, el más nítido: doce cartas, doce signos, en orden. Cada línea se lee «este arcano gobierna este signo».

Arcano mayor Signo
El Emperador (IV) Aries ♈
El Hierofante / El Papa (V) Tauro ♉
Los Enamorados (VI) Géminis ♊
El Carro (VII) Cáncer ♋
La Fuerza (XI u VIII) Leo ♌
El Ermitaño (IX) Virgo ♍
La Justicia (VIII u XI) Libra ♎
La Muerte (XIII) Escorpio ♏
La Templanza (XIV) Sagitario ♐
El Diablo (XV) Capricornio ♑
La Estrella (XVII) Acuario ♒
La Luna (XVIII) Piscis ♓

Notarás que el sentido de las cartas a menudo ilumina su signo, una vez puesta la correspondencia. El Emperador, figura de autoridad y de mando, abre la serie como Aries abre el zodíaco. El Ermitaño, con su lámpara y su retiro, hace eco al cribado paciente de Virgo. La Justicia y su balanza responden al signo de Libra hasta en el símbolo. Estos ecos ayudan a memorizar, pero no te confundas: lo que manda es el lugar en la secuencia, no la intuición.

Dos detalles de numeración merecen una palabra. La Fuerza y La Justicia intercambian a veces sus números: Waite, en el Rider-Waite-Smith, colocó La Fuerza en VIII y La Justicia en XI, mientras que el Tarot de Marsella hace lo contrario. La correspondencia astrológica, en cambio, no se mueve: La Fuerza sigue siendo Leo, La Justicia sigue siendo Libra, sea cual sea el número impreso. Es una buena ilustración del principio: no es la cifra la que hace el vínculo, es la atribución. Para el detalle del sentido de cada una de estas cartas, la guía de los 22 arcanos mayores las recorre una por una; aquí solo guardamos el hilo astral.

Los diez arcanos de los planetas y los elementos

Quedan diez arcanos mayores. Siete reciben los siete planetas de la astrología antigua (los que se ven a simple vista, más el Sol y la Luna), tres reciben los tres elementos «madres». Aquí va el segundo bloque.

Arcano mayor Planeta o elemento
El Mago (I) Mercurio ☿
La Sacerdotisa (II) Luna ☽
La Emperatriz (III) Venus ♀
La Rueda de la Fortuna (X) Júpiter ♃
La Torre (XVI) Marte ♂
El Sol (XIX) Sol ☉
El Mundo (XXI) Saturno ♄
El Colgado (XII) Agua 🜄
El Juicio (XX) Fuego 🜂
El Loco (0) Aire 🜁

También aquí las imágenes hablan una vez establecido el vínculo. El Mago maneja sus herramientas con la agilidad de Mercurio, dios de la habilidad y del lenguaje. La Sacerdotisa, guardiana de un saber velado, responde a la Luna y a sus ciclos secretos. La Emperatriz, figura de fecundidad y de dulzura, encaja sin esfuerzo con Venus. La Torre, su cima fulminada por el rayo, su derrumbe brutal, lleva a Marte, planeta del choque y de la ruptura. El Sol toma el Sol, sin sorpresa. El Mundo, último arcano, culminación y límite, recibe a Saturno, planeta de las fronteras y del tiempo.

Notarás que aquí aparecen solo tres elementos: el Agua (El Colgado), el Fuego (El Juicio), el Aire (El Loco). Nada de Tierra entre los mayores «madres», porque el Séfer Yetsirá cuenta solo tres elementos primordiales. La Tierra se ordena con Saturno en algunas lecturas, o reaparece de lleno del lado de los arcanos menores, como veremos enseguida. Crowley, en su Book of Thoth, afinó algunas de estas atribuciones, pero el esqueleto sigue siendo el de la Golden Dawn.

Los cuatro palos y los cuatro elementos

La tabla de los mayores es la parte sutil del sistema. La de los arcanos menores es de una sencillez transparente, y quizá ya la conozcas sin saberlo: los cuatro palos retoman los cuatro elementos.

Palo Elemento
Bastos Fuego 🜂
Copas Agua 🜄
Espadas Aire 🜁
Oros / Pentáculos Tierra 🜃

Esta correspondencia es antigua y estable, anterior a la Golden Dawn en su principio. Los bastos, instrumentos de acción y de impulso, van al Fuego; las copas, que contienen y reciben, van al Agua; las espadas, que cortan y separan como el pensamiento, van al Aire; los oros, lo concreto, lo material, el cuerpo, van a la Tierra. Cada familia de los 56 arcanos menores lleva así un clima elemental, y con él el ánimo de los tres signos de ese elemento: el Fuego reúne a Aries, Leo y Sagitario; el Agua, a Cáncer, Escorpio y Piscis; el Aire, a Géminis, Libra y Acuario; la Tierra, a Tauro, Virgo y Capricornio.

Es ahí donde el tarot y la astrología de los signos se tocan de la forma más natural. Una tirada en la que dominan las copas te habla de un momento de Agua: emociones, vínculos, vida interior. Una tirada saturada de espadas te habla de un momento de Aire: pensamientos que dan vueltas, palabras, tensiones que desanudar. No necesitas la rejilla de los mayores para sentirlo: el palo basta para dar la tonalidad elemental.

¿Cómo se leen juntas una carta y un tránsito?

Toda esta tabla no sirve de nada si se queda en el papel. Aquí tienes la manera de usarla, sin complicaciones.

El principio cabe en una frase: sacar una carta es encender el registro del signo, del planeta o del elemento que gobierna. La carta no anuncia un acontecimiento, abre un tema, y su correspondencia astrológica te da el vocabulario de ese tema.

Tomemos un ejemplo concreto. Sacas La Luna como carta del día. Su correspondencia es el signo de Piscis. La pregunta no es «¿qué me va a pasar?», sino «¿qué toca en mí hoy el registro de Piscis?»: la imaginación, las fronteras que se difuminan, el sueño y los sueños, la intuición que llega antes que las palabras, la neblina que hay que aceptar antes de ver claro. La carta te tiende ese espejo, y la correspondencia te da sus contornos.

Un segundo ejemplo, más dinámico. Sacas La Rueda de la Fortuna. Su correspondencia es Júpiter, planeta de la expansión y de las oportunidades. El tema que se abre pasa a ser el del crecimiento, el de la suerte que uno provoca, el del ciclo que gira y que no sirve de nada retener. Si practicas un poco de astrología, puedes ir más lejos: mira dónde está Júpiter en el cielo del momento, por qué signo transita. Cuando una carta cae sobre un tránsito ya activo en tu carta, el solapamiento refuerza la señal, y es precisamente ese momento de coincidencia el que vuelve interesante el ejercicio.

Eso es leer un cruce: hacer dialogar dos lenguajes simbólicos sobre un mismo tema. El tarot entra por la imagen, la astrología por el cielo, y tú te sitúas en el punto donde ambos se encuentran. Ni uno ni otro decide por ti. Te dan dos ángulos sobre la misma pregunta, y eres tú quien saca la conclusión.

¿Son verdaderas las correspondencias tarot-astrología?

Una última cosa, porque protege tu práctica. Esta tabla de correspondencias es magnífica, estructurada, transmitida desde hace más de un siglo, y enteramente convencional. La inventaron seres humanos, en una fecha que conocemos, para unir dos tradiciones que al principio no tenían nada en común. Nada en el cielo obliga a El Emperador a llevar Aries; fue una escuela la que lo decidió así, y su elección se impuso porque era elegante y útil.

Esa honestidad no fragiliza la herramienta, la fortalece. Puedes cruzar tarot y astrología sabiendo que manejas una rejilla de pensamiento, no una revelación. Es exactamente lo que distingue a Nohemia: te damos el sistema entero, su fuente y su fecha, para que lo uses con los ojos abiertos. El resto de la colección de tarot y la de astrología te esperan para que ahondes en cada entrada de esta tabla, carta por carta y signo por signo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué El Emperador corresponde a Aries y no a Leo?
Porque la correspondencia no viene del carácter de la carta, sino de su lugar en una secuencia que la Golden Dawn fijó hacia 1888. El orden depende de un alfabeto: la tradición liga los veintidós arcanos mayores con las veintidós letras del alfabeto hebreo, y una parte de esas letras está asociada, en un texto antiguo llamado el Séfer Yetsirá, a un signo, un planeta o un elemento. El Emperador recibe la letra Hé, ligada a Aries, primer signo del zodíaco, que abre el ciclo igual que El Emperador abre el orden. Así que nadie leyó a El Emperador y decidió que se parecía a Aries: la asociación se heredó entera, de un sistema de letras. Puedes encontrar ecos de sentido a posteriori (la autoridad de El Emperador rima con el impulso pionero de Aries) y ayudan a memorizar, pero lo que manda aquí es la estructura, no la intuición.
¿Son verdaderas las correspondencias tarot-astrología?
Son verdaderas en el sentido de que forman un sistema coherente, transmitido y muy compartido, no en el sentido de que una carta esté astronómicamente conectada a un signo. Toda esta tabla fue codificada a finales del siglo XIX por la orden hermética de la Golden Dawn, retomada después por Waite para el Rider-Waite-Smith y por Crowley para su Tarot de Thoth. Es una convención de escuela, brillante y útil, pero con fecha: el tarot fue primero un juego de cartas italiano del siglo XV, sin ningún vínculo con la astrología. Decirlo con claridad no le quita nada al sistema. Una correspondencia no necesita ser un hecho de la naturaleza para ser una buena herramienta de pensamiento: te ofrece una rejilla para cruzar dos lenguajes simbólicos, siempre que recuerdes que eres tú quien teje el vínculo, no el cielo.
¿Cómo se leen juntas una carta sacada y un tránsito astral?
Parte de la carta, tradúcela en su correspondencia y luego mira dónde está ese planeta o ese signo en el cielo del momento. Si sacas La Luna como carta del día, su correspondencia es el signo de Piscis: puedes preguntarte qué toca en ti el registro de Piscis (la imaginación, las fronteras difusas, el sueño, la intuición) y, si quieres ir más lejos, mirar dónde está la Luna real ese día. Si sacas La Rueda de la Fortuna, su correspondencia es Júpiter: la pregunta pasa a ser la de la expansión, las oportunidades, la suerte que uno provoca. La carta no predice el tránsito y el tránsito no manda sobre la carta. Las dos iluminan el mismo tema por dos entradas distintas, y su solapamiento es lo interesante: cuando una carta cae sobre un tránsito ya activo en tu cielo, la señal se refuerza.
¿Qué diferencia hay entre la correspondencia de los mayores y la de los palos?
Los veintidós arcanos mayores llevan cada uno una correspondencia precisa y única (un signo, un planeta o un elemento), mientras que los cuatro palos de los arcanos menores llevan solo los cuatro elementos, compartidos por familias enteras. Los bastos pertenecen al Fuego, las copas al Agua, las espadas al Aire, los oros a la Tierra: es una correspondencia de tono, no de astro. Eso quiere decir que una carta menor no te remite a un planeta aislado, sino a un clima elemental, el que comparten los tres signos del mismo elemento. Una tirada dominada por las copas habla de un momento de Agua (emociones, vínculos, Cáncer-Escorpio-Piscis); una tirada saturada de espadas habla de un momento de Aire (pensamiento, palabra, tensión, Géminis-Libra-Acuario). Los mayores apuntan a una palabra precisa del lenguaje astral, los palos dan el ambiente de fondo.

Fuentes

  • Israel Regardie, The Golden Dawn: An Account of the Teachings, Rites, and Ceremonies of the Order of the Golden Dawn (Chicago, Aries Press, 1937-1940)
  • Aleister Crowley, The Book of Thoth: A Short Essay on the Tarot of the Egyptians (Londres, Ordo Templi Orientis, 1944)
  • Arthur Edward Waite, The Pictorial Key to the Tarot (Londres, William Rider & Son, 1911)
  • Robert Wang, The Qabalistic Tarot: A Textbook of Mystical Philosophy (York Beach, Samuel Weiser, 1983)