Tarot

Los 22 arcanos mayores: el gran relato del tarot

Esta guía forma parte de la serie Significado de las cartas del tarot: 78 cartas, historia y lectura (parte 5 de 7).

Los arcanos mayores son las 22 cartas maestras del tarot, numeradas del I al XXI, más el Loco, que camina sin número alguno. Del Mago, que apoya sus herramientas sobre la mesa, al Mundo, que baila dentro de su corona de hojas, despliegan un solo relato: el de una vida que aprende, atraviesa y se transforma. En una tirada, un arcano mayor señala un tema de fondo, mientras los 56 menores describen lo cotidiano.

Por Jade Nohemia 8 min de lectura

Extiende los 22 arcanos mayores sobre una mesa, en orden, del Mago al Mundo, con el Loco caminando a un lado. Da un paso atrás. Aparece algo que las cartas vistas una a una nunca mostraban: un personaje se pone en marcha, aprende de las figuras que lo rodean, gana una primera victoria, cae, atraviesa la noche y vuelve a encontrar la luz del día. Los mayores no son un catálogo de 22 símbolos que memorizar. Forman una secuencia, y esa secuencia cuenta una historia.

Es la forma más suave de aprenderlos, y también la más fiel. Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa, en La vía del tarot (2004), ordenan los arcanos en dos hileras de diez, enmarcadas por el Loco y el Mundo: dos pisos de una misma casa, de lo terrestre a lo celeste. Arthur Edward Waite, en The Pictorial Key to the Tarot (1911), los describe uno a uno como las etapas de una búsqueda interior. Dos escuelas, dos barajas, una misma intuición: los mayores se leen como los capítulos de un solo relato. Y si apenas estás descubriendo el tarot, la guía completa plantea primero el marco: de dónde vienen las cartas, cómo se estructura la baraja y por qué una tirada es un espejo, nunca un veredicto.

Una palabra sobre los nombres antes de empezar. Los que siguen son los del Tarot de Marsella. El Rider-Waite-Smith llama Sacerdotisa a la Papisa, Torre a la Casa de Dios, y le da un nombre (La Muerte) al arcano XIII que el Marsella deja deliberadamente sin título. Las dos tradiciones también intercambian la Justicia y la Fuerza, octava y undécima según la baraja. El corazón del relato, sin embargo, no se mueve.

La partida: el Loco y el Mago

El relato empieza con una carta que no tiene número. El Loco avanza, un hatillo al hombro, vestido de saltimbanqui, un animal aferrado a su pierna que lo empuja o lo retiene, cuesta saberlo. Sin número, por tanto sin lugar fijo: puede deslizarse en cualquier punto de la hilera. Es el impulso en estado puro, la energía anterior a toda forma, el que parte sin saber hacia qué. Cada vez que un capítulo se cierra, es él quien vuelve a salir.

El Mago (I)

Luego el relato toma cuerpo. Un joven se yergue tras una mesa, y sobre esa mesa todo está ahí: una copa, una espada, unas monedas, y en su mano alzada, una vara. Los cuatro palos de la baraja, dispuestos como herramientas que esperan a que las tomen. El Mago es el comienzo que lo guarda todo en germen y nada todavía cumplido: el taller abierto, el primer gesto. En el Rider-Waite-Smith, el Mago lleva sobre su cabeza el signo del infinito, y Waite lee en él la voluntad que enlaza el cielo con la mesa de trabajo. Jodorowsky y Costa ven en él el potencial puro del principiante: todo sigue siendo posible, nada está aún decidido. Cuando esta carta aparece en una tirada, mira lo que empieza en ti: lo que está apoyado sobre tu mesa y que aún no te has atrevido a tomar.

El aprendizaje: de la Papisa al Carro

El joven de la mesa todavía no sabe qué hacer con sus herramientas. Las cartas II a VII van a educarlo, y son casi todas figuras: una familia simbólica sentada en torno al que crece.

La Papisa (II)

La primera maestra es una mujer sentada, un libro abierto sobre las rodillas, un velo tendido tras ella. La Papisa no habla: sabe. Es el saber que madura en el silencio, el estudio, la gestación, lo que se prepara lejos de las miradas. En el Rider-Waite-Smith, la Sacerdotisa se sostiene entre dos columnas, un pergamino a medio velar entre las manos, y Waite insiste en ese medio gesto: el libro mostrado y retenido a la vez, el conocimiento que solo se entrega a quien se toma el tiempo. Tras el arranque del Mago, el relato pide una pausa. Antes de actuar, aprender; antes de mostrar, dejar madurar. Cuando la Papisa atraviesa tu tirada, algo en ti se está escribiendo y no necesita ser anunciado.

Vienen luego la Emperatriz (III), la creatividad que brota y desborda; el Emperador (IV), la estabilidad conquistada, el marco que sostiene; el Papa (V), la transmisión, el puente entre quienes saben y quienes buscan; los Enamorados (VI), la primera elección verdadera, la que nadie puede hacer por ti; y el Carro (VII), la primera victoria en el mundo, el impulso que ha encontrado su dirección. Fin del primer movimiento: el personaje está equipado, instruido, lanzado.

El giro: de la Justicia a la Templanza

La segunda parte del relato es más interior, y es la que le da al tarot su profundidad. La Justicia (VIII) pesa y decide: lo que es exacto, lo que debe restituirse. El Ermitaño (IX) toma su lámpara y da un paso a un lado, fuera del mundo que había conquistado. La Rueda de la Fortuna (X) recuerda que todo gira, sube y baja sin pedir la opinión de nadie. La Fuerza (XI) amansa al animal en vez de combatirlo: el valor sereno. El Colgado (XII) cuelga cabeza abajo y descubre que el mundo, visto del revés, dice otra cosa: la espera fértil, el soltar voluntario.

¿Qué significa el arcano sin nombre (XIII)?

Y entonces llega la carta que todos temen, la que se da vuelta con una pequeña punzada aunque ya se sepa. Un esqueleto siega, sobre un suelo oscuro donde asoman cabezas y manos. El Marsella no le dio nombre, y ese silencio es una lectura en sí mismo: lo que ocurre ahí no tiene palabra, es un paso. Mira el suelo de la carta: no está vacío, está germinando. El arcano XIII siega para que se haga sitio, y toda la tradición lo lee así: un final necesario, una muda, una piel que se quedó pequeña y hay que dejar atrás. Jodorowsky y Costa hablan de transformación profunda, de una gran limpieza. Si esta carta aparece en tu tirada, la pregunta no es “¿qué voy a perder?”, sino “¿qué, en mí, pide terminar para que lo que viene pueda respirar?”. La Templanza (XIV), justo después, lo confirma: un ángel vierte el agua de una vasija en la otra, el ritmo vuelve, la mezcla se serena. Tras el corte, la circulación.

La travesía: del Diablo a la Luna

El relato podría detenerse ahí, en calma. En cambio se hunde en sus imágenes más poderosas. El Diablo (XV) muestra lo que nos tiene atados: los apegos, las dependencias, los contratos que firmamos sin releerlos. La Casa de Dios (XVI) abre la torre con un rayo: el derrumbe de lo que se había vuelto demasiado estrecho, y las figuras que caen parecen menos desplomarse que saltar. La Estrella (XVII) llega desnuda, arrodillada junto al agua, vertiendo sus cántaros sin retener nada: la justeza recobrada, la esperanza sencilla. La Luna (XVIII) cierra la travesía con la noche más honda de la baraja: dos torres a lo lejos, un sendero incierto, aguas que se agitan. Es el capítulo de los miedos antiguos, los que no se resuelven a plena luz.

La plenitud: del Sol al Mundo

El Sol (XIX) se alza sobre dos niños: la claridad recobrada, el calor compartido, lo que ya no necesita esconderse. El Juicio (XX) hace sonar la llamada: algo que creíamos enterrado despierta y se levanta.

El Mundo (XXI)

Y el relato termina en danza. En el centro de una corona de hojas, una figura baila, un velo en torno al cuerpo; en las cuatro esquinas, cuatro figuras velan: el ángel, el águila, el toro, el león. Cuatro guardianes para cuatro direcciones, que hacen eco a los cuatro palos de la baraja: todo lo que estaba disperso se reúne. El Mundo es la plenitud: no el final que cierra, sino la abundancia que corona un ciclo. Waite lee en él el estado del alma en la conciencia de la visión divina; Jodorowsky y Costa, más sobriamente, la realización total. Y si miras bien la mesa donde tendiste tus cartas, el Loco sigue ahí, sin número, listo para volver a partir: cada Mundo abre una nueva salida. El bucle no es un círculo cerrado, es una espiral.

¿Qué significa un arcano mayor en una tirada?

¿Qué haces con todo esto en la práctica? Primero, recuerda que un arcano mayor, cuando aparece, da el clima de conjunto más que el detalle: te dice en qué capítulo del relato se halla tu situación. Una tirada saturada de mayores habla de un momento que cuenta, un punto de inflexión; una tirada donde escasean habla de ajustes ordinarios, y entonces son los arcanos menores los que portan el sentido. Después, recuerda que el lugar de una carta en el relato es lo que le da sentido: el Colgado no es un castigo cuando recuerdas que llega justo antes de la gran muda del arcano XIII; la Casa de Dios asusta menos cuando ves a la Estrella esperando justo después.

El ejercicio más hermoso sigue siendo el más sencillo: toma tu baraja, aparta los 22 mayores y tiéndelos mientras te cuentas la historia en voz alta, con tus propias palabras. Allí donde tu relato vacile, todavía te falta una carta: esa es la que conviene frecuentar. Y el día en que un mayor aparezca en una tirada, ya no buscarás su definición: sabrás dónde estás en el relato.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los arcanos mayores del tarot?
Son las 22 cartas maestras del tarot, numeradas del I al XXI, más el Loco, que camina sin número. Del Mago, que apoya sus herramientas sobre la mesa, al Mundo, que baila dentro de su corona de hojas, despliegan un solo relato: el de una vida que aprende, atraviesa y se transforma. Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa los ordenan en dos hileras de diez, enmarcadas por el Loco y el Mundo; Arthur Edward Waite los describe como las etapas de una búsqueda interior. En una tirada, un arcano mayor señala un tema de fondo, mientras los 56 menores describen lo cotidiano.
¿Qué significa el arcano sin nombre, el número XIII?
Es la carta que el Tarot de Marsella deja deliberadamente sin título, aunque el Rider-Waite-Smith la llama La Muerte. Un esqueleto siega sobre un suelo oscuro donde asoman cabezas y manos, pero ese suelo no está vacío, está germinando. La tradición lee ahí un final necesario, una muda, una piel que se quedó pequeña y hay que dejar atrás, nunca una desgracia literal. Jodorowsky y Costa hablan de transformación profunda, de una gran limpieza. La Templanza, justo después en la secuencia, confirma que tras el corte vuelve la circulación.
¿Cómo se lee un arcano mayor en una tirada?
Un arcano mayor da el clima de conjunto más que el detalle: dice en qué capítulo del relato se halla tu situación. Una tirada saturada de mayores habla de un momento que cuenta, un punto de inflexión; una tirada donde escasean habla de ajustes ordinarios, y entonces son los arcanos menores los que portan el sentido. El lugar de una carta en el relato es lo que le da sentido: el Colgado no es un castigo cuando recuerdas que llega justo antes de la gran muda del arcano XIII.

Fuentes

  • Alejandro Jodorowsky & Marianne Costa, La vía del tarot (Madrid, Siruela, 2004)
  • Arthur Edward Waite, The Pictorial Key to the Tarot (Londres, William Rider & Son, 1911)