Tránsitos · el cielo en movimiento

Entender las retrogradaciones

Una retrogradación es un movimiento aparente: vista desde la Tierra, un planeta parece deslizarse hacia atrás por el zodiaco durante algunas semanas o algunos meses, aunque en realidad nunca da media vuelta. La ilusión nace de la diferencia de velocidad entre las órbitas. La tradición astrológica lee estos tramos como un tiempo de relectura: lo que el tránsito directo había abierto se revisita, madura y se corrige antes de retomar el camino.

Lo que la tradición lee en él

Ningún planeta camina jamás de verdad hacia atrás. Lo que ves cuando Marte o Venus parecen entrar en marcha atrás es un truco de perspectiva, el mismo que sientes cuando un tren pasa junto a ti por la vía de al lado: avanza hacia delante y, desde tu ventana, parece deslizarse hacia atrás. La Tierra y los demás planetas giran alrededor del Sol a velocidades distintas, y cuando sus trayectorias se alinean, el planeta adelantado (o el que nos adelanta) parece volver sobre sus pasos contra el fondo de estrellas, trazar un pequeño lazo y seguir adelante. Los astrónomos de la Antigüedad lo notaron, y es justo eso lo que les valió a los planetas su nombre: los errantes, los que vagan. La tradición astrológica convirtió ese lazo en un lenguaje. Si un tránsito directo es como una carretera que recorres, una retrogradación es el momento en que vuelves sobre tus pasos: para comprobar de nuevo, para remendar, para entender algo por donde pasaste demasiado deprisa la primera vez. Robert Hand, en Planets in Transit, recuerda que un tránsito retrógrado vuelve a pasar por los mismos grados que el directo: la misma pregunta, planteada dos o tres veces, cada paso más adentro que el anterior. Nada se detiene; todo se revisita. Cada planeta lleva su propio compás. Mercurio, el más cercano al Sol, queda retrógrado a menudo y por poco tiempo: tres veces al año, tres semanas cada vez. Venus y Marte son más raros y dejan una huella más honda, con sus lazos que vuelven cada dieciocho y veintiséis meses. Más allá, el ritmo cambia de carácter: Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón quedan retrógrados una vez al año, de cuatro a seis meses según el planeta, casi medio año para los más lejanos. Esas retrogradaciones largas son colectivas, suaves, casi imperceptibles en el día a día: todo el mundo las atraviesa al mismo tiempo, y es sobre todo cuando una toca un punto preciso de tu propia carta cuando encuentra una voz personal.

El ritmo

Tres familias de compás. Mercurio queda retrógrado tres veces al año (cuatro en algunos años), durante unas tres semanas cada vez. Venus gira más o menos cada dieciocho meses por unos cuarenta días; Marte, cada veintiséis meses, por unas diez semanas: son los lazos más espaciados y, por eso, los que más se sienten. Los planetas lentos (Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno, Plutón) quedan retrógrados cada año, de cuatro a seis meses según el planeta. Cuanto más lejano es el cuerpo, más ocupa del año su lazo aparente, y más su paso se funde sin más con el telón de fondo.

Lo que toca, elemento por elemento

  • Signos de fuego (Aries, Leo, Sagitario)

    Los signos de fuego sienten un freno contra el impulso: rara vez cómodo, pero a menudo es justo aquí donde los proyectos ganan profundidad.

  • Signos de tierra (Tauro, Virgo, Capricornio)

    Terreno familiar para los signos de tierra: revisar, consolidar, terminar lo que venía arrastrándose. Aun así, pide que dejes que algunas cosas se deshagan para reconstruirlas mejor.

  • Signos de aire (Géminis, Libra, Acuario)

    Para los signos de aire, la relectura pasa por las palabras: conversaciones retomadas, ideas dadas la vuelta, vínculos aclarados de nuevo.

  • Signos de agua (Cáncer, Escorpio, Piscis)

    Los signos de agua presienten los lazos antes que nadie: algo en el aire se recoge, y la vida interior respira un poco más a sus anchas ahí.

Fuentes

  • Robert Hand, Planets in Transit (Para Research, 1976)
  • Bernadette Brady, The Eagle and the Lark: A Textbook of Predictive Astrology (Samuel Weiser, 1992)